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Un pachón salamanquino
salvó a un sabueso de Cieza,
que se cayó de cabeza
a la balsa de un molino.
Y al emprender el camino,
a través de un bosque espeso,
juntos pachón y sabueso
en excelente amistad,
puso la casualidad
ante sus ojos, un hueso.Por él, debajo de un pino,
lucharon en la maleza.
Triunfó el sabueso de Cieza,
y el perro salamanquino,
ensangrentado y mohino,
dedujo en su soledad
esta penosa verdad,
como lección del suceso:
«En donde se encuentra un hueso
se concluye la amistad.»- Cristian Roeber
Después de mucho tiempo y gracias a Google Libros, encontré el texto completo de este poema corto que me encantaba leer cuando era chico. Me acuerdo que estaba en una guía de Rosario del año ‘54 que andaba dando vueltas por alguna biblioteca en la casa de mis viejos y que ya en aquel momento era considerada algo antiguo. Me gustaba tanto que hay versiones recitadas grabadas en algún cassette que, seguramente, también está perdido.